Siempre he pensado que la nueva ley antitabaco no tiene mucho futuro. En parte, si fuéramos independientes de Europa, posiblemente no se nos hubiera instaurado tal reforma. Y si no fuéramos europeos, posiblemente hubiera una reforma a la ley pasados unos meses. Porque esta ley implica pérdidas para el Estado y hay que tener en cuenta que estamos pasando por una época de crisis en que cualquier entrada de dinero para el país es beneficiosa. Pero ¿somos conscientes de los impuestos que pagan los fumadores? Si en Canarias el Camel costaba 1,4 € y aquí valía (antes de la subida) 3,65 €. En Canarias no se pagan impuestos por tabaco (ni por alcohol, ni por otras tantas cosas). Entonces, más de la mitad de lo que cuesta una cajetilla de tabaco en la Península va a engrosar las arcas del Estado.
A mí la ley me gusta porque fumaré menos, y al fumar menos compraré menos. Es de lógica que también pagaremos menos impuestos indirectos por fumar. Porque si no se va a poder fumar en ningún sitio, ni el ambiente va a estar cargado de humo, y además se nos discrimina de esta manera... casi es mejor plantearse dejarlo. De fumar menos a no fumar nada sólo hay un paso y nos están poniendo la base para dejarlo definitivamente.
Y esto lo digo porque puedo estar sin el cigarro después del desayuno o después de las comidas, pero por las noches, junto a la copa, siempre nos faltará algo. En épocas de calor, no importa, pero con el invierno a la vista, a ver quién sale a la calle a echarse el pitillo.
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