
Me encuentro un poco a la deriva, en el momento previo a ese en que nos embarcamos en el mundo onírico. Estoy casi segura de que soñaré con un ángel, soñaré con que le toco el rostro y le miro a los ojos sin apartar mi mirada.
Y quizás mañana me encuentre con él. O quizás no.
Si de algo estoy segura es que si me encuentro con él, aunque sea el instante más fugaz que un ser humano puede imaginar, el día tiene un color especial, es más luminoso e interiormente siento cierta alegría. Y cuando no nos cruzamos el día es más oscuro, está más vacío y, en las últimas horas de la tarde, siento que me falta algo y entonces empiezo a echarle de menos.
Algunos lo llaman amor. Yo prefiero no llamarlo de ningún modo.
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