
Para algunos la Navidad comienza con la llegada del invierno (21 de diciembre), para otros se inicia la noche de la primera 'comilona' (24 de diciembre) y para algunos más empieza con la cantinela de los niños de San Ildefonso (22 de diciembre). Reconozco que yo pertenezco al último grupo. Más que desear una feliz Navidad, yo deseo suerte para la lotería.
Seguramente que si nos tocara un pellizco sería de gran ayuda.
Iba a ponerme a despotricar contra estas fechas que me parecen más melancólicas que felices, pero he recordado que esta mañana le he dicho a alguien que odio la Navidad. No lo recuerdo, pero posiblemente también se lo dijera el año pasado. Lo que tenía que haber hecho es desearle unas felices navidades.
Esta es una época que impulsa al consumismo exacerbado. Hay que comprar regalos. Y yo pregunto: "¿Quién dicta esa obligación de regalar porque sí?". Otro año más, no me introduciré en el laberinto de tiendas para comprar a unos y a otros. Porque ya se sabe que si regalas a una persona quedarías mal si no regalas al resto. Por otro lado, me alegro de que se nos haya echado el tiempo encima para hacer el 'amigo invisible' porque así podré confirmar en enero que realmente no he hecho ningún regalo.
A mí me hace más ilusión recibir cosas cuando no me las espero, en un día normal, que no tiene nada de especial, no cuando lo marcan los comercios. Del mismo modo, yo hago regalos cuando me apetece. Y, por supuesto, siempre prefiero comprar recuerdos de los lugares donde estoy de viaje.
Si ahora tuviera que hacer un regalo, sólo se lo haría a una persona. Pensando en el frío que hace posiblemente le regalara un jersey. Aunque mi intención era hacerle una bufanda. Creo que mis nociones de hacer punto no se han quedado tan relegadas en el olvido, pero sí olvidé, cuando pensé en ello, comprar los ovillos de lana. Así que la bufanda tendrá que esperar. Eso es un regalo de verdad porque lo habré hecho con el corazón, porque habrá salido de mis manos (siempre que el año que viene no se me olvide de nuevo comprar la lana). Desde mi punto de vista, los mejores regalos son los que puede 'fabricar' uno mismo, no los que vienen con etiquetas de tienda.
Dejando aparte el consumismo, este año la proliferación de Santa Claus que suben por los balcones ha disminuido un poco. Y menos mal... Se entiende que a mí ese anciano bonachón de barba blanca no me cae bien. Lo cierto es que yo siempre fui de Reyes Magos. Santa Claus es un invento de Coca Cola (aunque la gran marca internacional lo pintó de verde, el rojo llegó después), lo que hace un guiño encantador a la globalización ('palabro' del que todo el mundo hablaba hace unos años y nadie comprendía lo que significaba).
Consumismo y globalización. Va bien servida la Navidad... de momento.
Entonces tenemos que hacer frente a uno de los grandes problemas navideños en época de crisis: los alimentos que terminan colocándose en las dos noches especiales. Si miramos a la cesta de la compra, ¿alguien podría explicar por qué nos sacan un ojo de la cara cuando vamos a comprar las cigalas de Nochebuena? Precios que no son habituales, sino que se han incrementado con motivo de las fechas. Estoy segura de que yo no comeré ningún tipo de alimento que provenga del mar. Ni mazapanes, ni polvorones, ni turrón, ni Ferrero Rocher... Ni siquiera me gusta el champán.
Pero lo peor de las cenas de Nochebuena y Nochevieja es que siempre habrá una silla vacía donde hace cuatro, cinco, seis años había alguien. Y aquí es donde se convierte la Navidad en una época emotiva y triste: echas de menos a los que ya no están, pero no hace tanto estaban aquí. Es una época donde los vacíos y las pérdidas se intensifican y no puedes hacer nada. La silla vacía es el recordatorio palpable de que somos humo.
También es una época muy religiosa. Hace años que soy no practicante en cuanto a la religión, por lo que no me acerco a los templos religiosos más que como cuestión de arquitectura e historia. Cuando dan a besar al Niño Jesús, ¿nadie se ha fijado en el moretón que tiene en la pierna? Me producía rechazo posar mis labios ahí, así que siempre echaba un beso al aire.
En cuanto a los villancicos, me parecen canciones demasiado tristes, aunque muchas letras sean alegres. El coro de la iglesia de mi pueblo canta los villancicos de tal forma que te hacen reír. Algunas cantoras te regalan unos gallos dignos de mención. No creo que haya cambiado mucho esto: que yo sepa, siguen cantando las mismas mujeres que hace unos años. Hay una señora, la madre de un amigo mío, que tiene una voz portentosa, pero la mayor parte de las veces es emborronada por el resto. Sin palabras.
Pero aún no he terminado, que quedan la Nochevieja, la Cabalgata de los Reyes Magos... El día 6 de enero tienes ganas de que todo termine. En mi casa hace unos años era el peor día, porque al ser el cumpleaños de mi madre se reunían muchas personas en mi casa a celebrarlo. Lo que ocurría es que en vez de disfrutar de su día, mi madre tenía que contentar a los treinta comensales que habían ido a felicitarla. Desde hace unos años, nos vamos los cinco a comer a un restaurante, lo que mi madre agradece.
Y bien, ya termina la Navidad. Ahora toca quitar todos los adornos, ¡que comienza la cuesta de enero!
Hoy hemos estado mirando el calendario laboral de 2011. Una de mis compañeras ha puesto en rojo el 10 y 11 de mayo. La he mirado y le he dicho: "Tú no vendrás esos días, pero yo el 12 desde luego que no estaré aquí". Dice que lo ha mirado en internet. Obviamente yo tenía razón, que por algo estudié en SD y sé cuándo es el día grande de las fiestas de mayo.
Al mirar el calendario he pensado: "Dos semanas en junio que me voy a Rusia, una semana en julio que me tengo que ir obligatoriamente algo más cerca, una semana en noviembre en que posiblemente vaya a Lanzarote". Lo único que no sé con seguridad es lo de Rusia, aunque será que sí. Mi hermano ha dicho que a él le gustaría ir, pero tanto él como yo sabemos que este año no podrá venir conmigo (y es un motivo diferente al del año pasado, que en algún momento del futuro comentaré).
Después de esta gran diatriba sobre la Navidad, que por mucho que diga que no me guste (es que se me encoge el corazón; debería ser un momento alegre y me parece muy triste, al contrario de lo que ocurre en Semana Santa), en algún momento llega a contagiarme, aunque suele ser muy poco. Sin embargo, es un buen momento para desear a todo el mundo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2011. Y, por supuesto, suerte mañana a todas aquellas personas que jueguen a la lotería.
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