martes, diciembre 28, 2010

El deseo encubierto

Le miro y despierta el deseo en mí. Un deseo que no puedo describir. Un deseo que sobrepasa los sentidos. Un deseo que a veces me perturba y a veces me agrada.

Hoy deseaba abrazarle.
Esta tarde deseaba susurrarle una palabra mágica al oído.
En ese minuto deseaba enredar mis dedos entre su pelo.

Y decirle lo guapo que está, lo magnífico que es encontrarse con él en el lugar menos inesperado y a la hora más inoportuna.

Luego lo he pensado y me he preguntado: "¿Por qué no le habré invitado a un café?". Ni siquiera se me ha ocurrido en ese momento. Igual es que estaba tan concentrada en él que no podía pensar en nada más.

Ahora, al recibir un e-mail donde una amiga (o mi futura cuñada) me pregunta si sigo pensando en no salir en Nochevieja, he vuelto a ese instante de él, al "si salgo beberé cervezas", al "no quiero una resaca monumental como la del año pasado" (gracias al garrafón). Podría haberle dicho tantas cosas... Pero más que concentrarme en mis palabras, me concentraba en su mirada perfecta, en el sonido de esa voz tan sensual, en su cabello rebelde (que me encanta, me encanta).

Es un ángel. Me ha alegrado la tarde.

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