martes, diciembre 21, 2010

Como huellas en la arena


Hay momentos que se borran con un plumazo del viento. Hay otros instantes que se graban en la memoria eternamente.
Las huellas que una tarde dejé en una playa cántabra, hace ya unos meses, se borraron con el tiempo. No recuerdo haber caminado descalza por aquella playa, pero sí la dulce sensación de la arena deslizándose por mis pies. Y recuerdo en aquello en lo que pensaba.
Las sensaciones más dulces de los últimos meses siempre me llevan a pensar en una persona especial de mirada angelical. Quizás porque similar tranquilidad a la que me brinda el mar es la que encuentro cuando miro directamente a esos ojos en los que hay un mundo entero, pero un mundo donde todo es perfecto.
Mis huellas se borraron en aquella playa de Suances, igual que se borraron los días más negros de la semana pasada, las lágrimas amargas que no me permitían dormir por las noches. Lo que jamás se podrá borrar, ni siquiera con fuego, es la grandeza de esa persona que cada mañana me hace sonreír al contemplar su mirada angelical.
Los instantes de él son imperecederos, eternos quizás.

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