
Debo unos cuantos correos electrónicos. Últimamente no he escrito más que a todos mis amigos para enviarles una foto. Para ello tuve que recopilar sus e-mails que tenía 'extraviados' en correos electrónicos que en la actualidad brillan por sus telarañas (hotmail, yahoo).
La foto que envié es una prueba de boda. Cuando una de mis compañeras de trabajo se casó en julio con un amigo de mi pueblo les dimos un puzzle en donde salían ellos: tenían que hacerlo en un plazo determinado de tiempo y hacerse una fotografía junto al puzzle vestidos tal y como salen en la imagen del puzzle. Me la dieron el viernes y me guardé una copia en el ordenador, pero además la imprimí. Recuerdo que él me dijo: "Mira a ver qué haces con esa foto". Recuerdo que le contesté: "Es para mostrársela a todos antes de la cena, porque muchos posiblemente no lleguen a ver el e-mail hasta el lunes". Si él supiera que la foto está colgada en el tablón de anuncios de uno de los bares más populosos de mi pueblo...
¿Por qué tenían que hacer la prueba? Si no la hacían, nunca podrían recibir los X.000 € ingresados por la totalidad de los amigos de mi pueblo (y no somos pocos). Al final, se la entregaríamos, pero es necesario que hagan algún tipo de mérito simbólico. La prueba era sencilla.
Ese es el único correo electrónico que he escrito estos días, concretamente en la tarde de Nochebuena.
Debo algunos e-mails de estos días, pero cuando escribo tiene que ser con ganas y escribir por escribir no va conmigo. No me va escribir dos líneas por cumplir, sino que cuando lo hago tiene que haber algo de ingrediente, algo que se saboree, tiene que ser algo más profundo.
Pero había un correo electrónico que me urgía escribir. Era a los hermanos navarros, Joxe y Ángel, que conocí en Canarias. Los últimos días en Tenerife llegué a echarles de menos. Y es curioso cómo la diferencia de edades no suponía un impedimento para entendernos perfectamente. En cierto modo, puede decirse que 'me adoptaron'. Cuando hablo de la diferencia de edad, estamos hablando de Joxe, que está jubilado y era de fisionomía enfermiza, y Ángel, que trabaja en una metalúrgica y está a punto de jubilarse. Lo cierto es que congeniamos, no sé si por la cercanía de nuestras procedencias, no sé si es porque ellos también son viajeros incansables...
A ellos les he escrito hoy. Tenía ganas de contarles cosas, de intercambiar fotos quizás, pero sobre todo quería ponerme en contacto con ellos (ya que si yo no lo hacía ellos difícilmente podrían encontrarme). Cuando les iba a escribir mi correo en una servilleta de papel me dijeron que empezara yo y les explicara quién era. Les di mi palabra de que empezaría escribiéndoles, pero había pasado un mes largo y la Navidad se ha echado encima. Canarias queda lejos (aunque seguro que disfrutan de una agradable temperatura, mientras aquí estamos a varios grados bajo cero) y no podía terminar el año sin desearles lo mejor para 2011.
Una de sus aficiones es la fotografía y en su página web me he metido antes de escribirles. Me ha gustado muchísimo. Recuerdo las risas que se echaron cuando les explicaba que yo soy nula como fotógrafa, pero hago fotos de todo. Algunas, muy pocas, se salvan de la quema de la hoguera.
Seguro que ellos no tardarán tanto tiempo como yo en ponerse en contacto conmigo.
De algo más quería hablar que no tiene nada que ver con los e-mails, pero se me ha ido el santo al cielo. Sé que era un trocito de felicidad porque, al pensarlo, he sonreído. Sólo que mientras escribía lo anterior me ha resultado imposible retenerlo. Volverá...
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