jueves, diciembre 02, 2010

Nieva...

Sé que está nevando y que las calles se están cubriendo de ese manto blanco tan gélido. Quizás mañana no coja el coche en todo el día, pero no estoy dispuesta a quedarme a mitad de camino como ya me ocurriera en dos ocasiones el año pasado.
No quiero mirar por la ventana, así que ya amanecerá mañana.

Me voy a soñar con ese ángel de mirada perfecta, con el deseo ferviente de verle de nuevo mañana.

En mi época universitaria, solía colgar un póster enfrente de la cama que me brindara tranquilidad. Cada año cambiaba. Recuerdo que una vez tuve El beso de Gustav Klimt, porque adoro esa pintura; en otra ocasión la pared estaba decorada por el castillo de Neuschwanstein, sito en la Baviera alemana, porque me llamaba la atención que alguien hubiera sido capaz de levantar algo tan magnífico y vertical en medio de la nada; he tenido pósters de tigres, de lagos rodeados de montañas, de increíbles paisajes; pero hay una imagen que vuelve una y otra vez a mí. Despertar con las aguas tranquilas de un muelle solitario cada mañana me traía una dulce tranquilidad. Recuerdo que en la parte inferior ponía "Serenity". Nunca volví a despertarme con tanta tranquilidad, hasta que me di cuenta de que tenía que rescatar esa imagen y abrir los ojos cada mañana observando aquel muelle solitario, aquellas aguas tranquilas, los colores cálidos que poblaban la imagen.
Es curioso. En los alojamientos universitarios siempre llenaba las paredes, pero en casa me gusta que las paredes se conserven diáfanas, sin ningún tipo de imagen. Pero hoy en día no necesito un póster como aquel. Hoy en día existe un ángel que me trae una dicha mayor, y abrir los ojos cada mañana recordando su rostro es una de las cosas más bellas que ocurren a lo largo del día. Otra de las cosas más bellas del día es cuando me encuentro con él, cuando veo en sus ojos tanta nobleza, tanta bondad y entonces noto que los sentimientos hacia él me desbordan, entonces recuerdo una vez más por qué le quiero tanto. Otro de los momentos más bellos del día es ahora, cuando estoy con un pie en la cama y puedo dedicarle unos minutos y sonrío al pensar en él, sabiendo (y esperando) que todo le vaya bien, anhelando el día de mañana porque quizás a media mañana aparezca la magia que proviene de él una vez más.
Es alguien tan especial, que a veces me faltan palabras. Y, por supuesto, es hora de ir a soñar con ese ángel de mirada perfecta.

Está nevando, pero el frío no existe cuando recuerdo tan nítidamente la calidez de esa persona.

No hay comentarios: