
El camino a veces se desvía por extraños atajos de la providencia que, en vez de abreviar los minutos, consiguen que el camino se convierta en algo más arduo.
Un día caminaba por ese sendero en solitario y me encontré con un ángel. De repente todo lo que me rodeaba había cambiado, o quizás simplemente me había parado a contemplar aquello en lo que antes ni por asomo me hubiera fijado.
El azar puso a ese ángel en mi camino, así que si algún día se difuminara debería ser también cosa del azar. Aunque a veces ese ángel me haga llorar.
Cruzaré océanos, subiré montañas, atravesaré países enteros, escucharé dialectos antiquísimos... pero vaya donde vaya esa persona siempre estará en mi corazón.
Y de vez en cuando me permitiré un minuto para soñar que le cubro de besos el rostro, que siento un escalofrío al rozar su piel, que enredo mis dedos en su pelo. Soñaré con sus ojos, con su voz, con sus manos...
Pero nunca será suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario