viernes, diciembre 03, 2010

El sonido hueco de unos zapatos en las calles vacías

Iba caminando por las calles, pese al frío que atenazaba mis músculos y golpeaba mi rostro. Restos de nieve y hielo se encontraban encallados entre las juntas de los adoquines de las calles. Entre las piedras, sonaban mis botas creando su baile rítmico y solitario que terminaba chocando contra las casas que íbamos dejando atrás. Una parte de mí estaba tras ese sonido, la otra... estaba mucho más lejos. Imaginábale conmigo, mientras le contaba la historia de cada calle, las hazañas del héroe local, mientras le describía pequeñas anécdotas que habían acontecido aquí o allá, y mi mano sentía la calidez y suavidad de sus dedos entrelazados con los míos, retando al aire gélido que nos rodeaba, y al mirar hacia el firmamento nos encontrábamos bañados por el fulgor de millones de estrellas.
Pese al frío hubiera seguido caminando en esa placidez que me brindaba su invisible compañía, el recuerdo de esos ojos que tantas alegrías me dan cada día...
El sonido de los zapatos ha quedado atrás, entremezclado con los recuerdos de esa persona tan especial.

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