viernes, septiembre 01, 2017

Veinte años después

En estos días en que la tecnología ocupa un porcentaje muy alto de nuestras vidas es demasiado sencillo encontrar a alguien, pero en mi caso las implicaciones pueden ser caóticas. Hoy he buscado a alguien que conocí hace unos veinte años. Entonces yo era muy impresionable y apareció él que era algunos años mayor, y sentí tal atracción que llegué incluso a perder los papeles. Me marché de Salamanca sin acordarme de él, pero hoy sé que debería haberme disculpado. Después de él llegaron otros, y me olvidé. Olvidé todo lo que sentí, todo lo que odié y todo lo que le quise. 
En estos años he recordado retazos de una conversación que duró casi veinticuatro horas, pero no quise recordar quién hablaba. 
La curiosidad me ha impulsado a buscarle y le he encontrado, claro. Hace veinte años no hubiera pensado en decirle algo o no, lo hubiera hecho sin pensar en las consecuencias. Hoy me cuesta mucho contactar con él porque tengo la impresión de que, veinte años después, me puede noquear de nuevo. En realidad no me atrevo a preguntarle qué tal está por miedo. A veces el miedo nos paraliza de una manera increíble.
Me alejé de él por miedo, porque intentó hacer arte con un cigarro en mi piel, y eso no se lo pude perdonar. Pero llevo unos días que no duermo, que tengo un nudo en el estómago porque sé que le debo una disculpa. Que me marché sin disculparme. 
Cuando le he vuelto a ver, que apenas ha cambiado, he sentido frío. Me pregunto qué haría él si yo hoy me pusiera en contacto con él. No debería tener tanta curiosidad. Pasado... pasado es.

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