Hay días que están marcados irremediablemente en el calendario. Pero hay días que sería mejor no recordar. Supongo que será cuestión de tiempo que esas fechas se vayan difuminando.
El 26 de enero de 2014 fallecía mi abuelo materno. Recuerdo la terrible tormenta que se abatió sobre nosotros cuando regresábamos del cementerio.
El 27 de enero de 2012 fallecía mi tío Pepito, medio hermano de mi padre, pero muy querido para mí. El tío que siempre me inculcó el amor por la lectura y que nos mostraba su extraordinaria sabiduría en cualquier ejemplo de la vida diaria.
El 28 de enero de 2015 fallecía mi tío Cele en el hospital. Se fue apagando lentamente, y aún recuerdo la última visita al hospital, donde con una mirada me dijo tanto, tanto que no imaginaba que sería la última vez.
A veces es mejor no tener tan buena memoria. Son días que aún me siguen poniendo la piel de gallina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario