Cuando tenía veinte años quería vivir en el extranjero. No porque no me guste mi país sino que me llamaban la atención otros países. Me imaginaba viviendo en Alemania o Estados Unidos durante unos años para volver de nuevo a España un tiempo después. Pues nunca han de olvidarse las raíces.
Al final la vida da muchas vueltas y he terminado viviendo en una ciudad de 7.000 habitantes que me encanta. A veces se me hace pequeña, pero adoro pasear por sus calles, me gusta saludar a la gente y que me saluden, me gusta que todo esté a dos minutos.
Supongo que ahí está la capacidad de adaptarse de una persona. Yo me he adaptado a esto con relativa facilidad y creo que me hubiera adaptado a cualquier sitio.
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