Un día me quité el reloj y ya no me lo volví a poner. En realidad se me cayó en el vestuario de las piscinas (era verano) y ya no quise reloj.
Ya pone la hora en el teléfono móvil. Porque muchas veces necesito anotar la hora.
Hoy... he salido de Ezcaray habiendo terminado todo lo que me había propuesto; eso significa que no tendré trabajo acumulado para el fin de semana, ese trabajo que a veces me traigo a casa.
Eran las tres de la tarde y me he pasado por el Lupa de Ezcaray, donde había más montones de nieve en todos los sitios.
Menos mal que ya no tengo que ir a Ezcaray hasta la próxima semana.
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