Adoro estar con mis sobrinas, pero he de decir que me dejan agotada. Pues en cuanto me ven las dos quieren estar conmigo y no me dejan ni a sol ni a sombra. Si vamos caminando cada una se me colgará de un brazo y se olvidarán de sus padres, me tengo que sentar junto a las dos, saben perfectamente dónde tengo películas para que les ponga en el portátil, me engañan diciéndome que sus padres les dejan comer helados (y entonces escucho a mi cuñada a lo lejos diciendo que no les deja comer un helado), jugamos con las palabras y dibujamos. En cierto momento, sin yo decir nada, se han puesto a recoger las bolas del árbol de Navidad.
Y ahora que ha regresado el silencio ya las echo de menos.
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