
Cada vez me voy más tarde a la cama. Son las dos. Aunque hoy tengo una excusa para estar aquí y no durmiendo: quería acabarme el libro. Entre unas cosas y otras, las horas han ido pasando lentamente y ahora me encuentro ante el enorme paradigma de mañana cuando suene la alarma del móvil a las 8.15h. y me cueste siglos moverme de la cama, mucho más si estoy soñando con un ángel.
Pero me encantan estos momentos previos a dormir, en que ya estoy en pijama, a medio camino entre el sueño y la lucidez. Quizás porque hace horas que dejé atrás cualquier preocupación y en casa suelo contar con esos momentos de paz de los que carezco el resto del día.
Cierro los ojos y su imagen perfecta se moldea poco a poco en mi mente. Rememoro ese instante de hoy en que le hubiera abrazado.
Vuelvo a cerrar los ojos y comprendo que debo sumergirme en el sueño que está acechando muy cerca de mí.
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