
"El verdadero viaje de descubrimiento consiste en no buscar nuevos paisajes sino en mirar con nuevos ojos". (Marcel Proust)
Si intentara tan sólo un minuto cerrar los ojos e intentar pensar como pensaba las cosas hace tres años, me resultaría francamente complicado. Simplemente entonces miraba todo con una luz diferente, una luz teñida de tinieblas. Estaba imbuida por un sentimiento de vacío extraño. Estaba pasando por una época innombrable.
Poco después llegó él. Y empecé a ver las cosas de otra manera, quizás con un cristal diferente. Si recordara aquel primer día, en medio de una semana del mes de marzo de 2009, ya no podría decir cómo iba vestido ni si había mucha gente a su alrededor. No recuerdo apenas nada, excepto su mirada profunda y cómo revolucionó mi interior. La primera vez que mis ojos se detuvieron durante unos segundos en los suyos encontré la perfección en esas pupilas dilatadas de bondad. La primera vez que me miró sentía que el vello se me erizaba y no atinaba a comprender cómo un desconocido podía tener tanto poder en mí únicamente con su mirada. Ahora lo comprendo, porque su mirada ya no es que sea única, sino que tiene una enorme fuerza, un gran magnetismo, tanto como que yo misma no puedo ocultar nada a esos ojos.
En ese momento me sentí alborozada. Quizás habíamos coincidido antes allí, pero hasta aquel día no empecé a sentir la verdadera atracción. Durante los siguientes días, recuerdo que en mi fuero interno decía que no, que no quería conocerle, que bastantes varapalos me había dado el sexo opuesto como para desear entrar de nuevo en el ojo de un huracán. Cuando volvía a coincidir con él, intentaba no mirarle, intentaba negar la atracción que sentía hacia ese desconocido, pero es obvio que el corazón va a un ritmo diferente.
Me alegro que, después de varios meses, diera el paso para conocerle, porque ese ángel es una de las personas más encantadoras que he conocido nunca. Lo que él no sabe es que, gracias a él, veo el mundo desde una perspectiva distinta a hace tres años.
Puede llamarse amor. No sé. A veces, cuando menos lo esperamos, aparecen en nuestra vida personas únicas que consiguen obrar un enorme milagro con un pequeño gesto (y ese pequeño gesto, por supuesto, también es adorable).
A estas alturas, puedo asegurar que esa persona tan especial, tan dulce ocupa un lugar muy hermoso en mi corazón.
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