
"Mi nombre es Miguel Ángel Soto Martín, pero casi todos me conocen como Soto o el Millonario. Por mi corpulencia y porque siempre le he echado un par de cojones a la vida, muchos se han referido a mí como el Verraco, pero si algo tengo claro es que, después de todo, sólo me queda una única reflexión a tener en cuenta: dar gracias cada día por seguir vivo...".
No es de justicia decir que he disfrutado de este libro, porque me quedaría corta. En verdad lo he saboreado de forma sublime.
Se trata de uno de los libros que me regaló mi hermano el 24 de diciembre y para él era obvio que sería el primero en coger. Quizás fue la portada la que consiguió que mi atención se fijara en esta novela y no en otra. Quizás fue el título, donde "gánster" constituye un verdadero reclamo. Quizás fue la sensación de que iba a ser una novela basada en un personaje real, con hechos que habían ocurrido de verdad, pero que tenía algo de original. Quizás fue un poco de todo.
Unos días después, con 600 páginas a la espalda y un vocabulario más amplio en lo que respecta a la jerga coloquial de la calle, puedo asegurar que seguiría leyendo otras 600 páginas más de la vida del protagonista. Y es que es un libro que no quieres que acabe. Es como si te faltara una segunda parte.
Miguel Ángel Soto tiene en la actualidad 48 años, es un acomodado padre de familia y en su cabeza la delincuencia, las drogas y la cárcel forman parte de otra vida que dejó atrás, otra vida que no parece la suya, otra vida que es la que se nos narra en esta novela. Aunque no la escribe él, está en primera persona. Me hubiera gustado saber cómo sigue para que entre en razón y decida dejar la vida delictiva, para optar por entrar en una fase de desintoxicación definitiva, para dejar de ser un prófugo de la justicia y para abandonar los atracos a mano armada. Sí, falta una segunda parte. Falta conocer el cambio de mentalidad para dar ese giro de 180º.
Miguel Ángel Soto cuenta cómo, pese a haberse criado en una familia acomodada de Barcelona, siempre sintió el deseo de robar, aunque podía comprar lo que robaba. Se junta con malas compañías y termina entrando en el mundo de la droga, que viene a describir como una espiral que cada vez le pide más. Como le gusta el dinero y además lo necesita para drogarse, no le quedará más remedio que robar sucursales bancarias, algo que se puso muy de moda en los años 80. Llegará un momento en que terminen cazándole y entre en la Modelo en varias ocasiones.
Una de las partes más interesantes del libro es la descripción de la vida en la cárcel en aquella época, de cómo tenían que cubrirse las espaldas, de la mafia que había en el interior (tanta que en vez de promover la reinserción de los presos, los convertía en unos auténticos animales) y de la reforma penitenciaria de aquellos años.
Tras su tercera salida, se encontrará en busca y captura por un juicio que había transcurrido mientras estaba cumpliendo condena (fue llamado a declarar y no pudo acudir por estar preso). Ante tal trance burocrático, en vez de entregarse vuelve a la vida que siempre había llevado: atracar bancos.
El protagonista cae genial. Hay momentos en que, inevitablemente, te pones de su lado aunque no nos guste lo que está haciendo.
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