
Si mal no recuerdo, la noche de Reyes del año pasado me pilló en medio de una barahúnda de gente con niños que esperaban con ilusión ver a los de Oriente. El año pasado estuve trabajando hasta la hora de cierre, en que decidí ir a comprar un regalo. Lo que ocurrió es que me pasé a saludar a J. y allí también estaba G. Terminamos tomando cervezas en los bares del Espolón.
Mañana, cuando regrese al mediodía, optaré por cerrar la oficina y no regresar hasta el viernes.
Esto también me recuerda que, por fin, la Navidad está llegando a su fin. Y mañana por la noche seguramente salga de fiesta. Ya he quedado.
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