domingo, enero 16, 2011

Las cosas siempre ocurren cuando tienen que ocurrir

Nunca he creído en el destino. No creo que nada esté escrito, sino que todo lo que ocurre está delante de nuestros pies y son las decisiones que tomamos las que hacen que tomemos una dirección y no otra. Es decir, lo más cerca del destino en que me considero estar es el momento presente. Como cualquier persona, ahora podría tomar una decisión que podría cambiar el rumbo de mis pasos, porque con esa simple elección se escoge una posibilidad entre cientos.
Reconozco que durante un tiempo sí que creía en el destino. De hecho, creo que niego el destino porque no acepto que todo esté escrito de antemano. Es cuando me aferro a una de las posibilidades que lo niegan o lo pueden cambiar: la capacidad de elección de cada persona.
Sin embargo, ayer me dijeron algo que me hizo pensar. Me dijeron que “las cosas siempre ocurren cuando tienen que ocurrir”. Quien me lo dijo es un sabio y, por tanto, venía pensando en sus palabras, en que tiene razón y en que es posible que él, por deducción de sus palabras, crea en el destino. Porque hay ciertas cosas que ocurren, sin más. Cuando hablaba sentí que se me erizaba la piel. Quizás porque en el fondo, aunque sea alguien que niega que exista el destino, sé que hay cosas que ocurren porque estaban predestinadas a ocurrir. Sin más. Sin respuestas que nos aclaren las infinitas preguntas.
Me quedé dormida pensando en sus palabras, porque es cierto que algunas cosas ocurren porque tienen que ocurrir. Son las palabras de un sabio.

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