
Es la hora de marchar. El día acompaña, así que quizás, en vez de echarme la siesta, me lleve al perro a dar un paseo campestre. Simplemente me apetece caminar, disfrutar de la naturaleza.
Hoy le he visto, estaba guapísimo. De hecho, tal es el poder magnético que, cuando le he visto, he tenido que acercarme. Lo que ocurre es que hoy tenía prisa, pero al acercarme he podido observar su dulce rostro.
Después le he vuelto a ver, pero ya estaba lejos. Estaba guapo, guapísimo. Apetece abrazarle, besarle, acariciarle, quererle...
Me voy a lavar el coche y luego a comer.
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