lunes, enero 03, 2011

Un instante feliz

"El hombre loco busca la felicidad en la distancia, el sabio la halla bajo sus pies" (James Oppehim).

Una gran frase para encontrarse en armonía con uno mismo.

Eso me recuerda en que en un tiempo remoto yo también fui infeliz. Quizás la felicidad está donde menos la esperamos. Quizás sea una persona la que te traiga la felicidad. Quizás sea un instante el que te depare la felicidad. Quizás sea una palabra, una mirada, un gesto... Pero la verdadera felicidad está en uno mismo. Hace ya mucho que comprendí esto.
Es cierto que yo la creí perdida para siempre, hasta que un día miré a las estrellas y aprendí de nuevo a ser feliz. A veces, simplemente no nos damos cuenta de que la felicidad está ahí al lado, a veces incluso nos encontramos ciegos y a veces viene de la mano de otras personas. Cuando hablo de las estrellas, me refiero a unas pupilas penetrantes, unos ojos que tienen vida, una mirada cargada de inteligencia, sabiduría y nobleza (entre otras cosas).
Si yo pudiera darle cada día un pedazo de felicidad, tal y como él me hace feliz cada día... Quiero creer que él es feliz. Aunque soy consciente de que la felicidad es abstracta y lo que a mí me hace feliz no tiene que ser lo mismo que lo que hace felices a otras personas. También es cierto que la felicidad es escurridiza, que de repente la tienes en las manos y al minuto siguiente se te ha escurrido entre los dedos.
Tuve que ser infeliz para valorar ahora pequeños momentos que son tesoros de valor incalculable, instantes que me brindan un trocito de felicidad.
No voy a pasarme toda una vida buscando una felicidad utópica, porque la felicidad está aquí al lado y, algunas veces, tiene nombre de café, de estrellas o es el nombre del dueño de una mirada perfecta.
Esa frase está cargada de infinita sabiduría.

En este preciso instante soy feliz, sí, lo soy, porque estoy con un pie en el mundo de los sueños. Y sé que volveré a soñar con un ángel, un ángel que se difuminará al alba, pero dejará sus huellas en forma de sonrisa.

Tengo sueño.

En el frío de la noche imagino el refugio de sus brazos, escucho su respiración acompasada, siento el roce de su pelo y me estremezco sin remedio.

No hay comentarios: