
Cada viernes hay menos gente y cada vez llego más tarde a casa. No lo entiendo.
Lo cierto es que los bares estaban desolados, apenas había gente y hace tanto frío... Yo tenía ganas de dar una vuelta y, en cierto modo, esperaba encontrarme con ese ángel de mirada perfecta. No estaba, supongo. Pero estaban los del teatro y, entre ellos, una señora que una vez me cedió la vez en correos. Cuando se han ido, ha quedado todo vacío.
Me hubiera gustado verle, susurrarle al oído que está guapo, preguntarle qué tal la semana y perderme en esa mirada perfecta...
No importa que apenas haya nadie, lo que importa es desconectar un poco. Sí importa que él no estuviera esta noche.
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