
Anhelo unas caricias invisibles, unas caricias que no existen, unas caricias susceptibles de imaginarse o de soñarse. Anhelo la suavidad de sus dedos de pianista, de artista, de sabio.
Anhelo tantas cosas...
Soñaré. Hoy mis pasos me llevarán a soñar con esas caricias invisibles. Y es tarde, una noche más.
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