
Imagino el mar. Cierro los ojos y vuelvo a escuchar el rugido de las olas al romper contra la costa. Y camino junto a la suave arena de ese mar, cualquier mar puede servir.
Y por supuesto imagino que camino con una persona muy especial. La suave brisa de la costa revolotea su pelo y en ese momento le miro para confirmar que está guapísimo.
Creo que me voy a echar una siesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario