
"Lo cosechado siempre es menor que lo sembrado,
lo vivido siempre es menor que lo soñado". (Mario Satz)
Es cierto que la imaginación tiende a magnificar todo de una manera sublime. Y los sueños van de la mano de la imaginación. ¿Qué haríamos sin sueños? Personalmente, si careciera de sueños los días amanecerían demasiado oscuros; quizás tampoco este rincón de internet tendría razón de ser. Hay sueños y sueños, y los sueños en los que aparece esa persona tan especial son únicos. A veces incluso muchos se repiten, aunque cambien algunos ingredientes, pero siguen siendo únicos.
Cuando recuerdo ciertos momentos que han ocurrido realmente no me sorprende comprobar que son radicalmente diferentes a como los esperábamos o incluso que hubieran variado de haberse dado otras circunstancias. Esto me lleva a pensar en lo perdida que me encuentro en su presencia, de lo nerviosa que me pongo en ocasiones. Claro que sé por qué es, pero en cierto modo hay una parte de mí que nunca sale al exterior y esa parte es justamente la que me gustaría mostrarle a él. Antes me ponía también más nerviosa que ahora, así que supongo que poco a poco iré dando más de mí y dejando de lado ese escudo que inevitablemente se convierte en una coraza.
Supongo que todas las personas a las que en el pasado nos han hecho daño nos cubrimos con una coraza protectora. En mi caso es de manera inconsciente, ojalá pudiera quitármelo y mostrarle mi alma tal cual. Aunque es verdad que me da la sensación de que él ya la ve. Con esa mirada, ¿cómo no iba a ver lo que hay en mí? Además, a esto hay que añadir que no puedo ocultarle nada.
Y, sin embargo, por muy bellos que sean mis sueños, no cambio por nada un minuto de él. Al fin y al cabo, los sueños sólo son aire y al aire volverán, pero él está ahí. Su mirada perfecta existe, su rostro es palpable, sus palabras se pueden escuchar proyectadas en esa voz tan sensual y su sonrisa se puede observar siempre con una pizca de misterio. Seguiré soñando, la mayor parte de las veces con él, pero siempre preferiré que me tiemble la voz en su presencia, que mis ojos se desvíen porque no quieren quedar atrapados en la profundidad de su mirada, que a veces no sepa qué decirle o que me ruborice porque me ha encontrado observándole. Como tal, siempre es preferible lo real, aunque sea mínimo. Pero me iré a soñar, que ya va siendo hora. Con él, por supuesto. Y aunque separen leguas, que mis pasos me vuelvan a llevar a él mañana y, si no, cualquier otro día. Quiero verme envuelta en su magia.
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