viernes, septiembre 27, 2024

Viaje a Roma: Final

Sobrevolando el Mediterráneo

Estamos a un día largo de coger un avión, de ahí que quisiera terminar de hablar sobre Roma, porque en diez días tendré muchas más cosas que decir, sobre una tierra que ya conozco pero que regreso con cariño. Aquí cerquita. Por eso hoy termino de hablar de nuestro viaje a Roma.

Aeropuerto de Fiumicino

Generalmente suelo hacer un resumen general antes de expandirme con todas las cosas que vimos, pero esta vez lo dejé para el final porque me costó mucho empezar, ya que llegué y tuve un exceso de trabajo durante el verano, y el tiempo también acompaña para estar más tiempo fuera de casa, así que llevo casi dos meses escribiendo sobre nuestro viaje a Roma, a medida que el tiempo me lo ha ido permitiendo. Me gusta hacerlo porque revivo de nuevo todo el viaje, disfruto de nuevo con todos aquellos momentos y me gusta dejarlo como imágenes para el recuerdo.


Llegamos a Fiumicino un día por la tarde. Estaba cambiadísimo, remodelado y mucho más moderno. Enseguida buscamos el tren que nos llevaría hasta la estación de tren central, Termini, con todo ese trasiego de gente que va de un lado para otro. Es curioso porque tengo una foto de la estación desde el mismo lugar que la hice en 2006. 

Espacio para las maletas en el tren

El tren también era más moderno. Cuando hace dieciocho años estuve en Roma el tren era de compartimentos, antiquísimo, y cómo traqueteaba. En el tren actual, aunque tampoco es uno de alta velocidad, sí es cierto que está preparado para las maletas, que hay más comodidad y los compartimentos han desaparecido.


En Termini le dije a mi novio que el hotel estaba cerca, muy cerca de la Basilica di Santa Maria Maggiore, por lo que sólo teníamos que coger una calle hasta la plaza de la basílica y buscar el hotel. Un hotel donde nos dieron una habitación al lado de un cura que se levantaba a rezar a las seis de la mañana y escuchábamos la letanía... durante varias veces al día. No estábamos mucho en el hotel, pero al estar tan cerca de la estación de Termini es cierto que muchos días íbamos sólo un rato a ducharnos, y es que el calor romano nos dejaba K.O.

Vistas desde los Museos Capitolinos

Nos gusta callejear, así que empezamos a bajar cuestas hasta la Piazza Venezia. Mi novio me decía que luego había que subir, pero siempre le respondía que ya había autobuses. Lo de los autobuses era un caos. Como en Roma sólo hay dos líneas de metro (la tercera está construyéndose, de ahí que la Piazza Venezia esté levantada en un gran tramo), la gente se mueve sobre todo en el urbano; hay muchísimos autobuses pero también es cierto que van llenísimos, como sardinas en lata.

Metro de Roma

El primer día cogimos el metro para ir al Coliseo, y allí pillamos billetes para poder movernos por Roma durante tres días. Pero a partir de ese momento optamos por montarnos en los autobuses sin pagar, y es que las máquinas donde se clicaban los billetes no funcionaban en su mayoría. Hasta que la víspera de marchar nos llevamos un susto. Estábamos en un autobús llenísimo de gente, era la línea que iba desde Termini hasta el Vaticano, por lo que iba muy lleno. Nosotros nos dirigíamos al Panteón, y el autobús se pasó nuestra parada. Estábamos en la parte final del autobús, la gente desde atrás gritaba para que abrieran las puertas. Y entonces apareció un señor con el uniforme de ATAC (red de urbanos de Roma) pidiendo billetes y hacia la mitad del autobús hizo bajarse a un grupo de españoles que iban sin billete. Fue entonces cuando medio autobús, entre ellos nosotros, se vació... quiero entender que había bastante más gente que se subía a los autobuses sin pagar. Compramos un billete de día para poder movernos por Roma sin preocupaciones...

Metro de Roma

El metro apenas lo cogimos, pero alguno cogimos. Era terrible entrar en la boca de metro, porque venía un sofoco impresionante, era como si te acercaras a un volcán del calor que hacía ahí dentro. Pero realmente los autobuses estaban mucho mejor comunicados que el metro.

Tienda de cafeteras italianas

Lo de callejear por Roma lo disfrutamos el último día. Fuimos a la Piazza del Popolo por la arteria principal, que está llena de tiendas. Había muchas tiendas de deportes, de corbatas, de joyas, de cafeteras italianas, de decoración... 


Callejeando encontramos una tienda que a su vez era una cafetería, y nos trajimos cápsulas de café que elaboraban ellos. Nos las tomamos enseguida, y estaba muy bueno.


Regresando a la Piazza di Spagna desde la Piazza del Popolo cruzamos una serie de calles adoquinadas, con buganvillas, con inscripciones. Y es que eran muy pintorescas. Era una zona con galerías de arte, que empieza a llenarse de gente, tiendas y restaurantes a medida que te acercas a la Plaza de España. Y allí, en una de esas calles comimos, pero también tomamos en la Plaza de España uno de los helados más ricos que hemos comido jamás. Era de tiramisú y estaba exquisito (il ricco gelato italiano).


Roma es un lugar maravilloso. Tiene arte, tiene encanto. Nos podemos llevar por la imagen de los gladiadores en la arena del Coliseo o seguir a los curas por la Ciudad del Vaticano. Podemos bailar en las calles del Trastévere o tirar una moneda en la Fontana di Trevi. No nos cansaremos de observar a la Loba Capitolina amamantando a los fundadores de Roma. Tomaremos un café en lo alto del Castillo de Sant'Angelo, nos emborracharemos de tanto arte que nos va a salir por las orejas y pasearemos por sus numerosas plazas, entre piedras milenarias, junto a una cantidad terrible de iglesias. Y nos mezclaremos con la gente, con las multitudes de gente de todo el mundo que cada año visitan la ciudad. Una ciudad antiquísima que sigue enamorando a todo el que la visita. La ciudad eterna...

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