La Plaza de España (Piazza di Spagna) es una de las plazas más famosas de Roma, también una de las más bellas, y siempre tiene mucha gente.
En la plaza podemos ver la enorme escalinata que sube hasta la iglesia de la Trinità dei Monti y la fuente barroca de la Barcaza. La iglesia fue encargada por Luis XII de Francia y es del siglo XVI. Además, dominando la escalinata se encuentra la casa-museo de Keats y Shelley. En ella murió el poeta John Keats en febrero de 1821. Había llegado a Roma para reponerse y alquiló dos habitaciones junto a su amigo, el pintor John Severn.
La Fontana della Barcaccia, a los pies de la escalinata, representa una barcaza a medio hundir. Se trata de la Barcaccia (1627) y se le atribuye a Pietro Bernini. Es una ingeniosa obra de ingeniería que compensa la baja presión de agua, que llega por el antiguo acueducto Aqua Virgo.
La escalinata, con sus 135 peldaños, se construyó en 1725 y tiene aportaciones francesas. Tras una restauración que costó millón y medio de euros, financiada por la joyería Bulgari, se reabrió al público en septiembre de 2016. Y ahora está prohibido sentarse en los escalones.
Aquí se encuentran, entre otras, la embajada española ante la Santa Sede y ante la Orden de Malta. La plaza debe su nombre, justamente, a la embajada española ante la Santa Sede.
Al sureste de la plaza , la cercana Piazza della Mignanelli está presidida por la columna erigida en el siglo XIX con motivo de la declaración de la Inmaculada Concepción por el Papa Pío IX.
Por cierto, que junto a la Plaza España, en una terraza, nos comimos uno de los mejores helados italianos que probamos en la ciudad.




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