Al final he conducido hasta mi pueblo. Pero mi cuñada y yo íbamos sin disfrazar. Las niñas me han recordado que no es la primera vez que les llevaba yo en el coche de su padre, y es verdad (ellas tienen mejor memoria). Hace dos años las traje un caluroso día de agosto porque teníamos cumpleaños en la oficina.
Hemos hecho un pasacalles, hemos tomado chocolate, hemos estado jugando, o más bien mi sobrina pequeña y el hijo de una amiga, de la misma edad, me han acaparado y hemos jugado a los animalitos (yo doy pistas y ellos adivinan el animal). Hasta que les he dicho que se me han acabado los animales.
Ha sido una tarde diferente. Mañana me toca comida familiar; mis padres están encantados.
Mi coche se arreglará porque no tiene torcido el eje.
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