Días como mañana me hacen recordar a antiguos amores, y otros no tan antiguos. Cuando echo una mirada atrás me sorprende recordar lo mucho que me cuesta recordar: caras, nombres... Es curioso cómo llega un momento en que no quiero recordar, ni a rolletes ni a novietes. Igual es que un día dejé de creer en el amor. Existe, claro, lo he sentido al cien por cien, e incluso me ha dolido.
Un día llega un gran amor que lo eclipsa todo. Te levantas por la mañana y lo primero que ves son sus ojos, esa mirada a la que nunca he podido negar nada. Te vas a dormir y lo último que ves es él. Las horas eran minutos en su compañía. Un día quedamos por trabajo y tomamos un café de cuatro horas. Recuerdo que venían unos amigos catalanes de visita, a los que hice esperar, porque estaba con ese gran amor. No hacía falta que me fuera lejos para encontrar a una persona tan especial. Sin embargo, se quedó en amor platónico. Quererle tanto me terminó desgastando, me dejó fría, se me quitaron las ganas de amar.
Es curioso cómo he estado con otros y no me han llenado, tanto como para romper al día siguiente, y él me llenaba sólo con una sonrisa. Nunca llegué a entender su manera de pensar. Desconozco a qué tenía miedo.
Hoy no sé dónde quedó ese amor. Supongo que lo terminé apartando. Supongo que esa situación me terminó desgastando.
No me duele. Quizás me hubiera dolido más si hubiéramos tenido algo.
Aunque tampoco debería hablar de él. Quizás es que hay personas que nos dejan una huella demasiado profunda en el alma.
Estos días estoy algo más sensible con todo lo que me rodea. No tiene nada que ver con antiguos amores ni nada de eso. Supongo que hay días que estamos más susceptibles.

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