
Se me pasan las semanas sin apenas enterarme. Y es que a medida que pasan los años todo pasa más rápido ante nuestros ojos.
En la adolescencia recuerdo que los días eran larguísimos, luego en la década de los 20 comienzan a acortar, aunque todavía siguen siendo largos, con treinta años los días toman carrerilla. Con 40... no me entero y eso que intento saborear siempre cada instante, cada momento del presente. Porque al final la vida es el momento presente, es esa página actual que vamos rellenando con pequeñas anécdotas, con las risas, con la gente que nos rodea.
El presente es ese momento en que cojo unas tijeras y me corto el flequillo porque hoy me tapaba los ojos. Me paso los dedos y comprendo que tengo unos trasquilones.
El presente es ese instante en que saboreo un bombón de Lindt porque hoy me apetecía chocolate. Y lo saboreo mientras escribo.
El presente es este momento en que me encuentro en pijama, relajada, a punto de lavarme los dientes y a punto de meterme a la cama para leer hasta la una de la madrugada. Ese sí que es un instante placentero.
El presente lo forman todas esas actividades cotidianas que realizamos casi sin darnos cuenta, mecánicamente. Y entonces pienso en lo feliz que soy porque no me falta un brazo ni una pierna, porque no tengo una enfermedad que me impida hacer esas cosas ni ninguna enfermedad mental que me impidiera rememorar más adelante. A veces creo que no nos damos cuenta de lo afortunados que somos. De que la vida está llena de esas cosas cotidianas a las que no les damos importancia, y que en realidad, si lo pensamos bien, son muchas de las cosas buenas que nos aporta la vida.
La página de hoy está casi llena. Y en breve tengo que cambiar de hoja. Pues mañana vendrá, con un nuevo sol, con otras cosas nuevas, con sus gentes, con nuevas anécdotas y más cosas cotidianas. Esas que pasan junto a nosotros y ni siquiera las vemos.
Igual disfrutar de lo que nos rodea, de esos instantes del presente, igual ser conscientes de todo esto... nos brinda momentos de felicidad. Aunque apenas reparemos en ello.
1 comentario:
Tempus fugit, que decían los clásicos.
¡Ayyyy!
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