miércoles, febrero 28, 2018

Ensoñación

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Me he escapado de la oficina diez minutos antes porque, pese a que tenía la calefacción a tope, tenía los dedos helados. Y he entrado en un trance ensoñador pensando en lo mucho que me gustaría estar en mi casa al calor y en pijama. Para después ponerme a leer y olvidarme del frío que hace fuera. 
Lo cierto es que un día de éstos cunde bastante laboralmente hablando. Porque me ha cundido. Sólo que a las seis ya empezaba a sentir el peso del día y cuando ya no me apetece hacer más tengo que dejarlo. Porque ya no puedo hacer más. El día ha cundido todo lo que tenía que cundir.

Cuando estaba en el internado me ocurría otro tanto. El estudio se dividía en dos partes, de hora y media la primera y de una hora la segunda. En la primera parte cundía muchísimo, pero tras el descanso ya se nos permitía incluso coger un libro para leer porque incluso los profesores entendían que llegaba un momento del día en que estudiar ya no daba más de sí. No era todos los días, y evitaba ponerme a leer en los estudios, pero algunos días me pasaba un rato leyendo la misma línea del libro de texto, aunque fuera de Historia de la Literatura, y cuando comprendía que no iba a pasar de ahí era preferible hacer cosas más llevaderas.

Estoy contenta porque ha amanecido blanco y sabía lo que podía depararme. Estar sola en la oficina puede ser apabullante, pero al final ha sido un día relativamente tranquilo. Estoy contenta, además, algo cansada, pero contenta.

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