miércoles, febrero 21, 2018

Extrañas sensaciones

Siempre que estoy en la residencia de mi abuela me entra una tristeza súbita. Es muy degradante que el ser humano termine así, y dentro de lo que cabe mi abuela habla, se ríe, no grita... Pero cuando vas allá con los ancianos y escuchas lo que dicen y gritan algunos, que no saben dónde están, o el que escucha y no puede hablar, o la que repite lo mismo sin cesar, o la señora que no sabía dónde meter sus manos. Se me encoge el corazón.
He llevado a mi abuela al salón de actos en una silla de ruedas, porque ya no tiene fuerzas para caminar por sí sola, y allí nos hemos acomodado. Mi abuela debe ser popular porque de repente estábamos rodeadas de varias sillas y familiares.
He salido con una pena infinita. No por mi abuela, que está mejor que muchos, pero también. Es que ir a un sitio de estos te deja tocada.

No hay comentarios: