sábado, febrero 10, 2018

Una agradable visita

Digamos que después de leer un buen rato esta mañana me ha dado por limpiar. Y cuando estaba poniendo la funda en el nórdico, que no sé si hay que estudiar una ingeniería para meterlo y que quede bien, han sonado el timbre y el teléfono a la vez. La misma persona era la que llamaba a uno y otro. 
Mis padres suelen venir de vez en cuando. Siempre sin avisar. Así que han estado dando vueltas por mi piso mientras yo seguía peleándome con el nórdico. 
Y como he quedado con una amiga para devolverle el paraguas que metió en mi bolso allá por el mes de octubre, ya es hora de marchar.
Me pesa dejar el libro a medias, que ya voy por la mitad. Pero es que además tengo antojo de pasarme por la librería. No sé si al final me echaré para atrás. Sólo sé que quiero salir a la calle. Me da igual el frío, quiero aire puro.
Esta mañana cuando he abierto los ojos y he mirado por la ventana he comprobado que las luces aún seguían encendidas pese a que ya había amanecido. El Ayuntamiento tendrá que poner enseguida horario de verano en las farolas, que los días largos ya se notan, tanto al amanecer como al anochecer.

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