Tengo ganas de que llegue la primavera. El invierno me adormece como si fuera uno de esos animales que hibernan. Es que cuando miro por la ventana y veo que sigue nevando me entra en el alma una tristeza insólita. Se me hace demasiado largo (y duro) el invierno. Y eso que leo más de lo habitual al refugiarme en casa evitando el frío. Pero prefiero el aire libre, necesito que la brisa me acaricie la cara.
Lo cierto es que febrero se pasa rápidamente y la primavera llega con el mes de marzo.
Hoy me encuentro algo mustia. Diré que me falta el sol, o desearé que llegue la primavera.
En estos momentos estoy disfrutando de las que, para mí, son las mejores horas del día. Ésas en que sé que me pondré a leer. No sé cuánto duraré. Basta que ayer durmiera menos horas y que hoy me he obligado a no echarme siesta para hoy dormir de un tirón es posible que a medianoche esté dormida. Aunque en estos momentos disfruto de la narrativa de uno de mis escritores favoritos. No voy a hablar de Ken Follett porque con él no soy objetiva. Lo único que sé es que me da igual lo que escriba, devoraré sus libros porque disfruto mucho con cada cosa que sale de su pluma, aunque a veces no esté a la altura.

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