Hace dos días me encontré con el sacerdote de mi pueblo y me preguntó si iba a ir por San Blas.
No suelo entrar en las iglesias más que para admirar arte. Tantos colegios religiosos para terminar convertida en alguien no practicante.
Así que me hizo gracia que me preguntara, porque no se acordará cuándo fue la última vez que me vio escuchando el sermón dominical. Yo tampoco lo recuerdo.
Tampoco me fijo en el santoral y sé cuándo es Santa Ana porque amigos catalanes me felicitan más en julio que en abril.
Sólo que el cura de mi pueblo me cae bien. Es un cura de gran corazón, que estuvo de misionero en Perú y vino 'tocado', una gran persona.
Así que educadamente le dije que si me acordaba llevaría caramelos a bendecir.
Pero acabo de recordar ahora que era San Blas, por una foto de las cigüeñas junto al río Oja. Por el refrán: "Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres mal año tuvieres". La primera vez que escuché este dicho fue en la escuela de mi pueblo (que en mi época aún había niños y se encontraba abierta), cuando la maestra miró por la ventana y nos señaló dos cigüeñas. Entonces parafraseó el refrán.
Para los niños ver cigüeñas era motivo de alegría, porque durante años la torre estuvo sin cigüeñas.
Años atrás un rayo se encargó de la torre de la iglesia. Era temprano, yo era muy pequeña pero recuerdo el estruendo. Las piedras de sillería se encontraban desordenadas por la calle, y la torre había desaparecido y había quedado un agujero con unas escaleras que subían al cielo, o a ninguna parte.
Desde entonces las cigüeñas no venían a mi pueblo. Un herrero preparó una parrilla y se fabricó un nido artificial. Pero las cigüeñas no llegaban... hasta aquella tarde, cuando la maestra las vio y nos enseñó el refrán.

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