Hay libros que nos llevan a recuerdos inesperados. Cuando la última novela hablaba del "suelo del ruiseñor" he recordado que hace ocho años entré en el Castillo de Nijo en Kyoto, el castillo de los samuráis, con sus obras de ingeniería casi intactas. Inmediatamente he buscado mis apuntes de Japón, porque recuerdo que lo dibujé (el problema es que no tengo los apuntes originales y no sé si los recuperaré algún día, pero previsiblemente y porque no quería perderlos los fotocopié).
No sólo me lo explicaron, sino que además pude sentirlo. En cualquier edificio de Japón nos teníamos que descalzar y, concretamente en el castillo de los samuráis, íbamos dando vueltas concéntricas hasta el corazón del castillo, y entonces a medida que caminábamos escuchábamos el trino del ruiseñor bajo nuestros pies, el sonido que alertaba de que podía haber intrusos en el castillo.
Eso me ha recordado a que la persona a quien le dejé leer mi cuaderno de apuntes de Japón debería devolvérmelo. Es posible que el orgullo me impida pedirle nada. Por lo menos tengo una copia. Lo recuerdo porque sé el dibujo que hice y la memoria fotográfica no me falla... Así que lo he buscado.

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