
Cuando iba a una entidad bancaria nuestro fontanero favorito (tal y como se autodenomina él, y es posible que tenga razón) se ha asomado por la puerta del bar para invitarme a un café. Ayer estuvimos hablando una hora y hoy si no cortamos se hubiera alargado también. Es agradable hablar con él y siempre está de buen humor, ese tipo de humor que contagia a los que le rodean.
Voy a seguir. Aquí y allá y con una imagen en mente que hace que me sienta viva.
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