lunes, marzo 22, 2010

Lo objetivo

Hoy se me va a hacer tarde en la oficina porque tengo que redactar un acta, y no es escribirla, que eso no cuesta, sino corregirla, buscar la textualidad, es decir, ser lo más objetiva posible. Antes de eso, tengo que escribir algo más, que ronda lo subjetivo, algo más personal, más profundo, en papeles de colores. Ahí también me tomo mi tiempo. Escribir cada noche dos folios me aporta serenidad, quizás porque pienso en alguien que me aporta también serenidad.
Cuando estábamos en la casa del cura, aquel que nos instruía en el santo sacramento de la confirmación, y que después dejó el sacerdocio, nos hablaba de lo objetivo y lo subjetivo como las dos caras de una misma moneda. Le recuerdo sacándose una moneda del bolsillo para explicarlo. Es curioso, si la moneda diera la vuelta, sería capaz de escribir un acta del modo más subjetivo posible, no así podría ser objetiva en el otro escrito, por más que lo intentara. Es que si fuera objetiva no tendría esa necesidad de escribir.
¿Qué habrá sido de aquel cura que un buen día dejó las camisas negras y se marchó cerca de su pueblo para no volver a entrar en una iglesia? En realidad, no hace mucho que le vi, creo que no me conoció y a mí me costó reconocerle. Pero algunas lecciones de aquella época todavía perviven.

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