sábado, marzo 20, 2010

SUEÑOS y... sueños

No me gustan las siestas largas, pero a veces siempre cae alguna, sobre todo si no tengo nada pendiente, si nadie viene a despertarme o si ningún móvil comienza a sonar de repente. No me gustan porque después, como ahora, me cuesta conciliar el sueño, pero sobre todo porque me levanto peor, y no me refiero a tener mala leche, sino a que siento los ojos como cansados, como resentidos, y parece que en el plano físico no he terminado de descansar lo que debiera después de dos o tres horas con los ojos cerrados. Siempre he pensado que debe ser la noche la verdadera compañera de descanso. Aun así, considero que las mejores siestas son aquellas que no duran más de media hora, porque son reparadoras, porque cuando abres los ojos estás como nueva.
¿Qué ha pasado hoy? Pues sencillamente que he soñado con él, y ha sido un sueño cargado no ya de erotismo, sino de una sensualidad extrema. Es sorprendente cómo la imaginación, sobre todo la que está sedada por el subconsciente de los sueños, nos lleva a lugares insospechados, a momentos no vividos, no conocidos, pero esa misma imaginación los recrea de una sensualidad tal que no permite que algo así se nos muestre indiferente. Follar y echar un polvo me resultan palabras casquivanas, sacadas de los bajos fondos, cuando sólo es sexo y no existe nada más. En mi sueño, nos encontrábamos en miles de lugares, en miles de situaciones, pues el fondo cambiaba tan rápido como lo hacen los pensamientos, pero el sentimiento no cambia y por tanto en mis sueños hacíamos el amor. Dos cuerpos difuminados entre la neblina onírica, acariciándose, ardiendo de pasión desenfrenada, amándose hasta perder el control de todos los sentidos, llegando al cielo entre brumas. Sólo los decorados cambiaban a cada pocos segundos. Y yo era un ente invisible que no estaba viviéndolo en primera persona, o sí: lo veía desde fuera, pero ella, la protagonista del sueño, era yo, y él era él. No sabría explicarlo mejor: simultáneamente estaba ‘viviendo’ en primera y tercera personas. Cuando he abierto los ojos, he deseado volver a él, a su magia, a la conjunción de sentimientos, a una de las más excelsas muestras de amor con la persona a quien quieres… El de hoy era un sueño con mayúsculas.
Todo el sueño estaba rodeado de una belleza y un amor extraordinario, amor que viene posiblemente de mi mano, de la persona que ama. Y al pensar en ello siento que mi corazón se altera, que late más deprisa, que quiere gritar, que quiere expresarse a su oído, confesarle lo que no se atreve a decirle.

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