
Si salgo al bar a tomar café es posible que termine haciendo lo que la semana pasada: viniendo a casa a cambiarme de ropa para salir de fiesta. Pero hoy tengo un motivo para no hacerlo: que mañana tengo que madrugar. Si salgo al bar y se me ocurre irme después de fiesta, es posible que mañana me encuentre como un guiñapo, aunque me dedique a beber zumos.
Una fuerza extraña, sin embargo, me impulsa a ir de fiesta, por eso es posible que terminara marchándome, pese a la obligación que me autoimpuse para madrugar mañana (podía haber elegido el sábado por la tarde, pero al final opté por la mañana). Esa fuerza tiene que ver con alguien a quien hace mucho que no veo, un ángel de alas invisibles, un árbol de hojas doradas, un mago que posee el ungüento para calmar mi alma, una luz al final del camino...
No hay comentarios:
Publicar un comentario