
Hay momentos de felicidad que son nuestros y, por tanto, nadie nos puede impedir esa sonrisa perpetua que habla sin necesidad de abrir la boca.
Son remotos e inciertos esos instantes, y son pocas las veces que llegan, pero si los tenemos es porque antes hemos conocido la tortura, el miedo, la tristeza, la pena... y mil sentimientos terribles más.
Puedo afirmar que en estos momentos soy feliz, no sé cuánto tiempo durará, aunque de lo que sí estoy segura es de que se lo debo a una sola persona.
Y con qué intensidad se pueden llegar a vivir esos momentos.
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