
Anoche cerré los ojos tan pronto que ni siquiera llegué a escuchar el tañer de las campanas de medianoche. Aunque tengo por costumbre escribir algo inmediatamente antes de cerrar los ojos, ayer me parecía terrible levantarme de la cama, incluso para apagar el ordenador. Como otras noches, la historia del libro se vio reemplazada por otras imágenes, sacadas de la realidad en algún momento, creadas de la nada en ciertos instantes, imágenes que me llevaron a la calma y que me han permitido dormir de un tirón hasta esta mañana.
Tampoco bajé la persiana y pensé en que sería bonito despertar con la luz del sol, aunque esta mañana hay de todo menos sol, porque ha amanecido nublado. Y, cuando venía, me he sorprendido pensando en todo lo que le echo de menos, en que llevo unos días sin ver nada que tenga relación con él y eso hace que le sienta lejano. Es inevitable que me pregunte dónde estará.
Me he levantado tosiendo, y es muy posible que anoche cogiera frío y que esté en proceso de coger un resfriado.
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