
Me he tumbado tan sólo unos minutos sobre la cama y casi me quedo dormida. De repente, me encontraba cubriéndole de besos desde la cabeza a los pies, sin dejar un hueco libre, aprendiéndome de memoria todos los pliegues de su piel, dibujando estrellas sobre ella, susurrándole palabras que no se pueden escribir. Y he sentido su abrazo cálido, apacible, tranquilizador, y mientras me acunaba en sus brazos de aire sentía la somnolencia que precede al sueño.
Es un buen momento para irse a dormir, acunada en sus brazos o no, pero queriéndole más que la última vez.
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