miércoles, marzo 24, 2010

Con el susto bajo la piel

Hoy ando asustada, es el mal rato que me estoy llevando hasta que mi hermano R. no me llame y escuche su voz. Yo no puedo llamarle porque está muy nervioso en estos momentos. Su coche ha acabado convertido en un amasijo de hierros en plena Avenida de La Paz, y aunque él está bien, yo no me tranquilizaré hasta que llame y escuche por su propia voz que se encuentra bien.
En el momento en que mi padre me ha dicho al teléfono que mi hermano había tenido un accidente he dejado de sentir todo lo que me rodeaba, esperaba respirando profundamente que mi padre me dijera más cosas. Entonces he empezado a hacerle preguntas, me he puesto nerviosa y mi padre ha intentado tranquilizarme. "No ha sido nada, sólo el coche, él está bien, a punto de ir a Urgencias".
Luego me ha dicho que era importantísimo que localizara a mi madre, que perdió el móvil hace unos días, y estaba en la Escuela de Hostelería en una especie de almuerzo 'sólo para mujeres'. He salido a las calles y no sentía nada, no veía a nadie, desconociendo dónde está ubicada esa escuela. Al final, cuando me he encontrado de frente con mi madre, se ha dado cuenta de que no iba a ser portadora de buenas noticias. Le he dejado mi móvil y me he emocionado al decirle que R. había tenido un accidente hoy, pero que estaba bien. Y me he marchado, sintiendo sin sentir nada.

Tan nerviosa me he llegado a poner que finalmente, cuando he vuelto a hablar con mi padre, le he exigido que me pasara a R., sólo para escucharle, para asegurarme de que todo se ha quedado en un susto, para después llamar a mi madre y a mi hermano pequeño y tranquilizarles. Aún sigo nerviosa.

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