
Esta tarde no hacía tanto frío, pero ahora da miedo escuchar la fuerza del viento pasado por agua que golpea incesantemente la ventana. Mañana echaré de menos no despertar con los rayos de sol: dejar la persiana levantada esta noche es impensable.
Se me ocurren muchos remedios, pero sobre todo imagino que en una noche como ésta daría un mundo por acurrucarme en sus brazos para no sentir frío nunca.
Es un pensamiento de tal belleza que me lo llevo conmigo al mundo de los sueños.
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