
Adoro levantarme con los rayos de sol entrando por la ventana. Ni siquiera me molesto por las noches en bajar la persiana, sólo por disfrutar del sol mientras empiezo a despertarme. Y aún paso unos minutos disfrutando de esa paz, pensando en él, sonriendo... Entonces es cuando de repente siento una enorme energía que me impulsa a levantarme y realizar todas las tareas matinales como si me fuera la vida en ello.
Al bajar por las escaleras, el perrito se asoma por la barandilla con cara de pena porque sabe que me voy. Es una imagen entrañable. Como entrañables son el resto de imágenes que vuelan por mi imaginación mientras conduzco hasta la oficina, escuchando la radio. Esta mañana hablaban del primer beso y he sentido un escalofrío. Porque incluso lo que se hablaba en la radio me ha llevado a pensar en él. Y sentía una especie de candidez tranquilizadora.
Pasan las horas y yo le seguiré llevando conmigo. Me siento pletórica porque le quiero demasiado, y queriéndole a él quiero a todo el mundo.
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