
Cuando he ido a colgar el cartel, al pasar por la cafetería he visto a través de las cristaleras a dos personas. Faltaba alguien. Me pregunto si hubiera entrado de haber estado el que faltaba. Igual sí, aunque sólo sea por mirarle nuevamente a los ojos. Además hoy iba con prisas. Me he acordado de aquellas cervezas allá por el mes de octubre. Entonces estaban todos. Era un viernes, y ahora las probabilidades de encontrarme un viernes a última hora con él son escasas, por no decir nulas, ya que yo regreso a casa unas horas antes.
Quizás sea mejor así, porque si él hubiera estado tendría que haber entrado, aunque sólo fuera a darle las gracias por la ayuda que me prestó. Pero me hubiera liado, una fuerza me hubiera mantenido estática allí hasta la hora de marchar, disfrutando tan sólo de su presencia... ¡Pero cómo puedo quererle tanto! Es tan... adorable.
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