
Ayer ponía en el periódico que los españoles dedicamos una media de cuatro horas a ver la televisión; seguramente en mi caso bajo la media. También explicaba algunas de las quejas que los televidentes envían sobre ciertos apartados televisivos que bien hablan sobre alguna minoría más desfavorecida, que hacen apología sobre ciertos asuntos considerados políticamente no correctos (lo de "políticamente correcto" me parece una coletilla que se puso de moda en su momento, que yo prefiero evitar en la mayoría de ocasiones, porque considero que hay un abuso al utilizarla cuando se carece de otra expresión que posiblemente estaría mejor ubicada, y en una lengua tan rica y variada como el castellano la mayor parte de las veces contamos con otros vocablos que vienen mejor a la situación que se quiere expresar), sobre ciertos contenidos en un horario considerado infantil, sobre el motociclismo... Paro aquí, porque me parece absurdo que los jóvenes 'copien' a los motociclistas a la hora de coger los coches para correr. Aun así, no creo que me quiten el motociclismo.
Pues hoy, excepcionalmente, me he liado a hablar con mis padres y, entre risas y chanzas, hemos terminado viendo Gran Hermano. ¡Tiempo ha! Pensaba que había acabado y resulta que ahora están los concursantes de ediciones anteriores que entran por parejas. En fin, ha llegado cierto momento en que prefiero dejar la 'caja boba' y marcharme a hacer cosas más beneficiosas.
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