
Haciendo un recorrido a lo largo del día, me da la sensación de que ha sido un domingo para recordar, quizás por las vivencias, quizás porque lo verde me ha hecho sentir en paz conmigo misma, porque ha depurado las impurezas que podía albergar mi alma. Por supuesto, allí le he sentido muy cercano, como si estuviera a mi lado y pudiera compartir con él todo aquello, como si formara parte de mí, aunque en realidad no ocurra ni una cosa ni la otra.
Yo creo que se lo podría describir, pero ya no sería lo mismo. Me entristece pensar que eso que acabo de escribir no ocurrirá. Si sigo pensándolo me voy a ir alicaída a dormir y no quiero que eso ocurra.
Supongo que, a medida que pasan los días sin saber nada de él, empiezo a sentirle como alguien etéreo, alguien cuya imagen podría difuminarse de un momento a otro... En el fondo y, aunque lo intente evitar, es mi corazón quien sufre.
Pero estoy casi segura de que, en cuanto me entre la somnolencia, le recordaré en toda su dulzura y conseguiré dormir de un tirón.
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