
Me he asomado a la ventana a ver si había dejado de llover y olía a churros. Entonces he caído en la ubicación exacta de los churreros. Ese olor es tan dulce que se convierte en empalagoso.
Y como ha dejado de llover considero oportuno irme a casa, aunque sólo sea por hacer la maleta...
Hoy he escrito en color amarillo, por la fuerza que da. Quizás necesito un poco de esa fuerza.
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